Hace pocos meses conocimos que la UNESCO ha designado como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el toque manual de campanas.
A lo largo de los siglos el toque de campanas ha servido como medio de expresión y comunicación en toda España, cumpliendo una serie de funciones sociales muy arraigadas en nuestra cultura.
Existe una gran variedad de sonidos que han creado un profundo y rico repertorio -tanto en el ámbito religioso como en el cívico- para marcar distintos momentos del día, alertar a la población de catástrofes naturales, cortejos fúnebres o para anunciar noticias.
Los toques de campana son también una parte central de los eventos, celebraciones y espectáculos locales.
De la torre de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Santa Pola cuelgan seis campanas de diferentes tamaños.
Y suenan.
Vaya si suenan…
Puedo dar fe porque viví 11 años a escasos 30 metros de ellas.
Los primeros días fueron un suplicio.
Luego, poco a poco te vas acostumbrando.
Y con el paso del tiempo se convierten en algo familiar y hasta agradable.
Sonaron por primera vez el 2 de septiembre de 1964, con motivo de las fiestas en honor a la Virgen de Loreto.
La mayor de las seis recibió el nombre de Jesús y fue costeada por el Ayuntamiento y la Cofradía de Pescadores.
En orden descendente de tamaño le siguen María, pagada por los fieles de la parroquia; José, regalo del entonces Obispo Bascuñana y don Tomás Baile y señora.
Le siguen Pedro, costeada por los dueños de los almacenes de redes; Santiago, donada por las Salinas Bras del Port, y por último la más pequeña, Tomás, costeada por doña Luisa Ruso.
En la foto recreamos el momento de la bendición de las campanas.
A día de hoy, las seis campanas de la Parroquia, junto con la popular campana del Castillo-Fortaleza, siguen sonando orgullosas como protagonistas de nuestra cotidianidad, testigos de nuestra vida social.
Cierto es que su repique está automatizado y ya nadie acaricia sus cuerdas, pero aún así siguen siendo parte de nuestras vidas.


