Como bien sabes, la duración de nuestra vida es limitada.
Por suerte o por desgracia, a todos nos llega el momento final.
Muy reciente tenemos la celebración del día de Todos los Santos el 1 de noviembre.
Para muchos seres humanos vivos es obligada la visita al cementerio y recordar a sus seres queridos que allí descansan eternamente.
En Santa Pola tenemos dos cementerios: el viejo (en la carretera de Elche, justo enfrente de la actual estación de autobuses) y el nuevo (al norte del polígono industrial).
Pero… ¿El viejo es realmente el más viejo?
Según nos cuenta el cronista local Rafael Bonmatí Medina en su libro “Santa Pola. Datos históricos y curiosidades”(1981), en el siglo XVII los muertos eran enterrados en el interior de la ermita del Castillo donde se venera a la Virgen de Loreto, Patrona de la Villa.
Por supuesto eso era antes de que se construyera el actual cementerio viejo.
Por entonces aquí vivían apenas unas decenas de seres humanos, la guarnición militar de la fortaleza y un diminuto caserío junto a su muralla norte, cuyos moradores se refugiaban dentro del Castillo al menor aviso de posible desembarco de piratas en la costa.
Rafael Bonmatí Medina nos cuenta que en el mismo centro del piso de la ermita había una loza de piedra de unos tres metros de largo por unos dos de ancho y, más hacia la parte del altar, había otra loza cuadrada, también de piedra, y de más o menos dos metros por cada lado.
Se supone que en una enterraban a los fallecidos pertenecientes a la dotación del Castillo y en la otra a los civiles del caserío.
Estas cámaras funerarias fueron descubiertas a principios del siglo XX cuando se realizaba obras y reparaciones en la capilla: “Al colocar una escalera y andamios apoyados sobre una de las lozas, ésta se partió.
Levantados sus trozos y por natural curiosidad, las dos personas que llevaban a cabo los trabajos de las obras descendieron al recinto mortuorio y vieron lo que allí había”
La sorpresa de los dos paisanos debió ser mayúscula, claro. Tanto que “Una vez saciada su vista de la novedad para ellos allí existente, cerraron la abertura, borrando cualquier rastro de la misma y convinieron en no decir a nadie nada de lo visto”.
Lo que desconozco es que, si decidieron mantenerlo en secreto, cómo ha llegado esta información hasta nuestros días…
Seguro que alguno de los dos se fue de la lengua…
O quizá ambos.
Sea o no cierto, tiene su lógica porque, en aquellos tiempos, lo habitual era que los muertos fuesen enterrados en la iglesia o alrededor de ella.
Y como por entonces lo más parecido a una iglesia era la ermita de la Virgen de Loreto, es razonable que los cuerpos reposasen bajo su suelo.
¿Cuántos secretos guardarán todavía las piedras del Castillo-Fortaleza de Santa Pola?
Bueno, al menos los secretos que ya no son secretos te los iré contando aquí.


