Hay nombres que se pierden en la Historia, seres humanos que en un instante pudieron ser relevantes en su entorno y entre su gente más cercana, pero que irremisiblemente quedaron cubiertos por el paso del tiempo.
Ay, el tiempo…
Ese cruel enemigo que va acumulando encima de ellos capas y más capas de sedimentos hasta enterrarlos a muchos metros bajo tierra.
Pero, a veces, a algún feliz arqueólogo de las letras se le ocurre excavar entre los legajos olvidados en archivos polvorientos.
Y ese ser humano entonces relevante vuelve a ver la luz.
Aunque sea la luz del conocimiento.
Es el caso de Don Gerónimo.
Dicho así, es posible que no te suene de nada.
Pero si te digo que es Don Gerónimo Martín Cortés…
Pues te sonará menos todavía.
Tengo algún amigo de Santa Pola apellidado Cortés, pero no sé si tendrá raíces familiares con él…
Verás, corría el año 1788.
Yo no estaba pero lo he leído.
El entonces Rey Carlos III firmó el 4 de noviembre de ese año un documento expedido en San Lorenzo (supongo que será San Lorenzo de El Escorial).
Su Majestad rubricó un Real Despacho por el que tuvo a bien hacer un nombramiento para la seguridad y defensa del Castillo de Santa Pola, cuyo gobierno se incorporó a la Real Corona por la cesión que hizo el Marqués de Astorga, Osorio Moscoso.
Es decir, que nuestro Castillo pasaba a depender de la Corona y no del Señor de estas tierras.
Así que el Rey tuvo que nombrar en 1788 al primer gobernador del Castillo de Santa Pola, honor que recayó en nuestro amigo Don Gerónimo Martín Cortés, teniente coronel de Caballería retirado en la Villa de Elche, en atención a sus buenos servicios.
Y el sueldo que cobraría sería de 54 escudos de vellón al mes.
Sin retención por IRPF.
Cobrado en monedas, como debe ser.
Eso sí, sin derecho a seguridad social.
Ni a paro.
No sé si a Don Gerónimo le importaría mucho, pero al fin y al cabo pudo pasar a la historia como el primer gobernador de nuestro castillo.
Y como posiblemente casi nadie le recuerde, pues para eso estamos nosotros, los arqueólogos de las letras.
Para devolverle la luz a Don Gerónimo.
P.D. La fuente en la que descubrimos este hecho histórico es el libro “Santa Pola. Datos históricos y curiosidades” (1981) de Rafael Bonmatí Medina.


